Callejo de Ordás

VIVE: La vida en un pueblo como Callejo

Mucha gente no sabe como es realmente la vida en un pueblo. Los que hemos hecho esta página web hemos pasado unas buenas temporadas en Callejo, e incluso uno puede presumir de haber vivido en el pueblo.

Pero, ¿eso es algo de lo que se pueda presumir? En la sociedad de hoy en día parece que no. Ahora lo típico son las prisas, los atascos, trabajo, estudios… La gente en la ciudad va a lo suyo, sin importarle los demás, y parece que vivamos bajo una competición constante. El pueblo está visto como algo antiguo, para la gente mayor.

A mucha gente joven de la ciudad, si les hablas de un pueblo lo primero que les viene a la cabeza son los dibujos de Heidi, con el abuelo, las cabritas… Otros pueden conocer un pueblo al haber ido a una casa rural, pero este tipo de alojamientos no son más que hoteles con forma de casa, donde sólo se respira a medias el espíritu de un pueblo, y es algo un poco artificial. Otros pueden conocer como es un pueblo porque de pequeños iban a veranear al pueblo de sus padres, pero en este caso hablamos de pueblos de 1000, 2000, 5000 o más habitantes, que al fin y al cabo son como ciudades pequeñas. Y no hablemos de las urbanizaciones, con sus chalets y torres.

Callejo no es así. En Callejo no hay bar, supermercado, banco o caja, farmacia… sólo hay casas y la iglesia. ¿Y para qué más? Tenemos Santa María, la capital del municipio, al lado, con sus bares, farmacia, caja y demás. Y para comprar el pan sólo tenemos que esperar a que pase el panadero con su furgoneta o acercarnos a Rioseco.

Con este panorama más de uno dirá que menudo aburrimiento. Pues no, no conozco a nadie que se aburra en Callejo. Los más pequeños que van al pueblo se pasan todo el día jugando por las calles tranquilamente, porque no les va a pillar ningún coche. Los que tenemos unos cuantos años más también nos lo pasamos bien, simplemente juntándonos y hablando, o acercándonos a las fiestas de los pueblos cercanos: Espinosa, Llamas, Armellada, Benavides… Y total, tenemos León a pocos kilómetros, incluso con un aeropuerto a poco más de media hora, para el que quiera venir desde lejos. Y nos quedan los más mayores, que también pasan el rato dando paseos en plena naturaleza y respirando aire puro.

Pero todo esto es para pasar el rato. La gente que vive en Callejo también tiene que trabajar, y trabajar en el campo no es algo tan bucólico que puede hacer cualquiera. Hay que cuidar de las vacas, ordeñarlas, segar, cuidar la huerta, etc. La vida está marcada por las 4 estaciones (aunque se dice que en León sólo hay 2 estaciones: invierno y la del tren). Los inviernos son rigurosos, pero el frío se pasa cavando, llevando carretillos de un lado a otro, picando leña, quitando la nieve del camino… y sino solo hay que prender la cocina de leña y sentarse un rato al lado a descansar.

No hace tantos años esto era lo habitual. En Callejo había escuela, donde iban todos los “guajes” a aprender, siempre que no les hicieran ir a segar o ir a por las vacas, encargándose el maestro de que no faltara ninguno. La gente vivía del ganado y de la agricultura, e incluso de la mina que había, todos se ganaban la vida como podían, al igual que ahora hace la poca gente que sigue viviendo en Callejo.

Al fin y al cabo es lo que hace ahora la gente en la ciudad, ganarse la vida, pero todo es mucho más despersonalizado y la calidad de vida es menor.

Entonces, ¿se puede presumir de vivir en un pueblo? Claro que sí. Date una vuelta por Callejo, y vive.

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